Arriesgando el futuro: querer dedicarse a los videojuegos

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Esta mañana he leído este artículo: “Retoños de la clase media“, de Diego Freire, sobre el desarrollo y el aprendizaje de videojuegos en España. Si os interesa continuar, primero leería el artículo que cito, porque en gran parte se dedica a ampliar o continuar muchos de los argumentos que ahí se exponen.  Y, a posteriori de escribir estas líneas en primera instancia, también a ¿responder? algunos de los comentarios que he leído.

Soy, o intento ser, programador. Pero voy a abandonar la carrera. A los 25 años y con más de los que me gustaría estudiando, me dejo Ingeniería Informática en pos de un Módulo de Programación Multiplataforma. Y me pesa, me pesa mucho. Pero sobre todo me pesan los años. Estudié Biblioteconomía y Documentación, 3 años de diplomatura, y ahora tengo ese título cogiendo polvo porque si algo saqué en claro de esa carrera es:

  1. El mundo de la información científica es una reputísima mierda manipulada e infecciosa.
  2. No me quiero dedicar a este ámbito del conocimiento, me llevaría a la amargura en muy pocos años.

Y me cambié a la Ingeniería Informática porque me di cuenta de que lo que quería hacer era meterme en ese mundo. Estuve 2 años trabajando y estudiando para no cargar a mis padres de esta segunda carrera. Y eso tiene efectos secundarios: dormir muy poco, estrés, agobios, tener que estudiar de madrugada durmiendo de media 6 horas entre semana y vivir solo para los findes.

Llevar un trabajo mientras estudias no es fácil, todos los que lo hemos hecho lo sabemos. Más si el trabajo no está en tu ciudad. Durante dos años y pico, mi día a día fue el siguiente:

  • Despertarme y coger el bus a las 8 de la mañana, que después de 40 minutos me dejaba en el campus.
  • Estar en clase hasta las 14.
  • Comer en la Universidad y estudiar un rato antes de salir camino del trabajo (otra media hora larga entre transportes y andar).  Estar allí de 17 a 21.
  • Salir a las 21 para coger el bus de las 21:15, que me dejaba a las diez en mi pueblo. Allí ya me solían recoger, menos mal.
  • Cenar algo rápido, ducharme y estudiar hasta, más o menos, las 1:00. Dormir 6 horas y otra vez empezar.

Este horario me acabó quemando, solo despertaba de este ritmo el fin de semana. Y dando gracias, ya que tenía que aprovechar y recuperar el tiempo perdido entre viajes y trabajo. Al final, lo acabé dejando cuando me di cuenta de lo que ese estilo de vida me estaba haciendo. Tuve un año de “calma” en el que me pude concentrar más en la carrera. Al año, encontré otro mucho más ligero en la Universidad, que me permitía incluso estudiar desde allí en los huecos libres.

Pero al final, después de tanto trabajo, dinero y tiempo invertido, abandono. Y abandono sabiendo que, pese a todo, he sido muchísimo más afortunado que otros. Porque pude ahorrar, pagarme varios años de carrera y, además, tuve la suerte de que dejarme el trabajo no me dejó viviendo debajo de un puente. Soy consciente de que no todos tienen esa posibilidad.

Abandono porque esta carrera no me ilusiona, no tiene lo que necesito (entendiéndose como lo que necesito más una necesidad personal que conocimientos técnicos). No quiero buena parte de los conocimientos que me imponen en la carrera, porque yo me quiero dedicar al código y al diseño. Así que lo que he hecho ha sido pasar un último año cursando todas las asignaturas que me quedaban y me interesaban de ese ámbito. Sí, el resto de asignaturas son importantes y, algunas, tangencialmente influyentes en el desarrollo de videojuegos. Pero no en la rama a la que voy a enfocarme y, si lo necesito, lo aprenderé por mi cuenta con la base que ya tengo.

¿Y qué tiene que ver todo esto con lo que dice el artículo que he citado? Pues llegar a lo siguiente: he podido hacer este viaje porque tengo alguien que me sostiene. Si no, no me  habría podido permitir todo esto. Dejo la carrera y me meto al módulo con las miras puestas en trabajar en el mundo del videojuego (por mí, ni me metería al módulo, pero necesito un seguro contra la titulitis). Ya a día de hoy todas las tardes trabajo en lo que quiero que sea mi futuro. Haciendo pequeños desarrollos, aprendiendo, preparando Game Jams (este mismo finde otra, la Low Cost VR Jam).

Ya llegamos al punto central de todo esto, ¡si ese módulo no tiene que ver con videojuegos! No, no lo tiene. Es apenas una base para dejarte en modo “tabula rasa” para poder aprender a partir de ahí (o mientras estás ahí). Ya gran parte de los conocimientos que me van a dar los tengo, con un poco de suerte habrá convalidación. Pero es que, si no es eso, no hay nada más. No se ha difundido todavía la formación sobre videojuegos en España, no al menos formación pública. Ya hay grados universitarios públicos, sí, en las grandes ciudades como Madrid, o Barcelona. Pero la demanda es alta y no todos se pueden permitir un piso allí varios años para estudiar. No hay casi Ciclos Formativos de Grado Superior enfocados a eso (solo uno en el campo de la animación y el diseño 3D). Si acaso, cursos de especialista como el de la Universidad de Murcia o el de la Universidad de Castilla la Mancha. Y cuestan una pasta, necesitas saber previamente de programación y, además, en 30 créditos apenas arañas la superficie de este mundo.

Sí, el autodidactismo es posible, claro, pero también hace más difícil que aprendas ciertas cosas que, si no te las enseñan, ni se te ocurran. En programación, por ejemplo, si te lanzas a saco a aprender como programar te vas a perder mucho sobre patrones de diseño, que te ayudarán para organizarte y harán posible trabajar en equipo más adelante o extender tu proyecto sin liarla. Por mucho que sea bueno que la titulitis desaparezca, recibir una formación te va a ayudar a ver y pensar de una manera que un autodidacta no va a ver hasta pasado bastante más tiempo.

Y, entonces, si no tienes dinero, ¿como te metes en este mundo? Pues con sufrimiento y estudiando las disciplinas paralelas. Si quieres ser programador, módulo de programación o la carrera. Si quieres ser artista: alguno de los módulos de ilustración o Bellas Artes. Si quieres trabajar en sonido, otro tanto pero con las disciplinas de ese mundo (aquí yo ya ni idea). Si vas para game designer… estudia también otra cosa que a día de hoy sigue siendo una disciplina a la que es muy difícil dedicarse en exclusiva.

Lanzarse a hacer videojuegos tal vez sea hoy más fácil que nunca hasta ahora, pero todavía queda un larguísimo camino antes de que podamos decir que el acceso a ese mundo sea igualitario. Hoy, quién tiene pasta, tiene más posibilidades de entrar. Porque, por mucho talento que tengas, si va a acabar encerrado en un empleo de mierda para poder vivir (o colaborar en casa) y ahorrar para un Máster y encima quieres aprovechar tu tiempo libre en practicar de lo que te apasiona… pues te quemas y te acabas muriendo por dentro. Tal vez no te des cuenta, pero eso te acaba quemando si te descuidas y te dejas llevar. Eso lo he visto ya en otra gente y se que lo voy a ver más veces en mi vida. Les ayudaré como pueda, pero no siempre podré.

El problema se puede extender a mil y un empleos o trabajos. Por supuesto. Os podéis ahorrar los tecleos sobre eso, ya lo sabemos todos. Aquí solo está más agudizado.

Ir a contracorriente así es jodido a niveles que yo no me puedo imaginar, que no he tenido que vivir como otros. Y pienso “si ya es un camino de espinas para mí, para otros tiene que ser como caminar sobre cristales ardiendo”.

Hay algo que muchísima gente no valora porque “no cuesta dinero”: el tiempo invertido.

Es muy fácil decir “por 500€ puedes empezar a desarrollar/diseñar”. Claro, facilísimo. Para empezar, no todos pueden permitirse eso, los hay que sufren para llegar a fin de mes comiendo 3 veces al día. Los hay que no pueden pagar la manutención de sus hijos y las becas no hacen milagros. Esa gente seguro que puede permitirse ese gasto, por supoesto. O, como he llegado a ver, que con una Raspberry Pi se puede también. Claro, y tambíen inviertes en pantalla y periféricos e Internet para poder avanzar fluídamente. Sí, se puede tirar solo de manuales que se descarguen desde una biblioteca pública, pero ahí no está todo ni, tampoco, te va a permitir resolver tus dudas según salgan.

Pero eh, pongamos como cierta esta falacia. Digamos que lo que hay que invertir es tiempo, “solo” el tiempo, como si no valiera dinero. Imagina que dedicas 8 horas cada día a aprender intensivamente, de manera autodidacta. Que estás así 1 año para poder hacer suficiente portfolio como para que un título no haga falta (hay pocos casos que con un año de aprendizaje partiendo de cero acaben en éxito, lo habitual son más años). Pero pongámoslo así, por abreviar. Son MUCHAS horas de trabajo, tal vez más de las que te puedas permitir si necesitas dinero para mantenerte. ¿Eso no es inversión de dinero, en serio? Es renunciar a buscar trabajo, a buscar un sustento, a cambio de aprender sin tener la seguridad de lo que aprendas de verdad te va a valer.

Un año es ser muy optimista si tienes que aprender desde cero. Como programador, el código que puedas conseguir en un año de ser autodidacta distará mucho de estar pulido o siquiera de ser legible por otro programador. Te valdrá para hacer pinitos y tus experimientos, pero te quedará muchísimo camino por recorrer.

Y ahora pongamos que tienes que sacar adelante tu sueño después de estar trabajando 8 horas. Llegando a casa cansado después el trabajo (incluso los trabajos sencillos te van a cansar después de ocho horas, quieras o no). Pongamos que no tienes pareja y que vives aislado entre semana y que al llegar a casa, puedes dedicar otras 4 horas todos los días a avanzar en lo que quieres hacer. El tiempo de un año que hemos puesto tal vez se duplique. Más inversión.

Ahora pongamos que tienes pareja o alguien con quién pasar los días, algo a lo que vas a dedicarle tiempo, tal vez más que a tu sueño. Menos horas a la semana que vas a poder estar avanzando. O menos horas durmiendo. Ambas alternativas son desalentadoras.

Viendo esto, ¿quién es capaz de recorrer ese camino y superarlo? No todos, y los que fallan son dignos de respeto. No todos pueden tener la fuerza de voluntad o los medios necesarios para sacar su sueño adelante. Si fuera así, este sería un mundo maravilloso muy distinto del que tenemos hoy día.

Y, ahora, llegamos al punto en el que me he encendido al leer algunos de los comentarios de del artículo de Diego. Comentarios que desdeñan el esfuerzo del que no lo consigue, en los que ponen las dificultades que él enumera como “excusas” para no conseguir algo. Afirmando poco menos que todos podemos, haciendo un ejercicio de demagogia de manual. Todos se centran en hablar de que con poco dinero puede empezarse (como si 300€ fuera poco, en mi caso es todo lo que gano en un mes y puedo considerarme afortunado), pero nadie, nadie, habla del tiempo ni de lo que hay alrededor de la persona que quiere comenzar.

Sí, hay unas barreras enormes a la hora de empezar en esta industria y la muchas son monetarias. Tal vez no necesitemos una inversión de 1000€ para un ordenador con su pantalla y sus periféricos, pero 300 no nos los quita nadie y eso tirando a lo bajo (muy bajo). Y a ver qué consigues mover con esa inversión. Unity sí, pero no para todo ni con todo. Escenarios pequeños, pocos elementos en pantalla y 3D a saber.

Y por no decir que el “antes era más difícil” está en boca de muchos. Por supuesto que antes era muchísimo más difícil empezar y aprender, eso no se lo vamos a quitar a los pioneros que se dieron de tortas contra el mundo hace 15 años y más (o tampoco tanto, si retrocedemos 7-8 años estábamos ante un mundo muy diferente). Pero de ahí a decir que ahora es fácil o no hay barreras hay un paso. La comparación demagógica sería decir que en el siglo XIX sí que se vivía duramente y que ahora deberíamos disfrutar de lo ganado y no seguir luchando.

Y, eh, tampoco nadie habla de la inversión que es saber que eso te puede gustar. Porque una cosa es que te gusten los videojuegos y otra lo que implica querer dedicarte a ellos. No es lo mismo jugar que picar un código durante horas para solucionar una chorrada que no ves. O diseñar la estructura de un videojuego para que luego no se descontrole un proyecto. O a trabajar en equipo. O, si eres un lobo solitario, aprender herramientas de diseño para suplir la falta de artistas. O mil cosas más que si sigo tirando irán saliendo.

He visto que muchos se han lanzado contra el argumento del precio de las entradas de la Game Lab, diciendo que no es necesario para aprender o que pueden verse conferencias de ese tipo en Internet. Sí, claro que puedes encontrar todo eso fuera viéndolo desde la comodidad de tu casa. Saliendo del tema de que esas entradas me parecen excesivamente caras, más si comparamos con Codemotion (que tal vez no tendrá conferenciantes tan top, pero las entradas son poco más que 1/4 del precio de la Game Lab, y para estudiantes mucho menos), ir a esos eventos te va a dar mucho más conocimiento que el mero hecho de ver una conferencia desde tu casa.

Hay algo importante en esos eventos: conocer a gente del mundillo y poder hablar con ellos cara a cara. Por eso me da pena que la Madrid Games Week se vaya a Barcelona (sitio al que mi presupuesto no me permitirá ir): porque era un lugar absolutamente genial para conocer a gente que ya está dentro, aprender de ellos en charlas informales de pasillo, probando sus productos mientras hablas con ellos, viendo sus dificultades y, muchas veces, recibiendo sus consejos. Ahí se ve muy claramente lo genial que es la comunidad de desarrolladores y lo mucho que va a crecer en los próximos años: cuando se ve lo desinteresados que son a la hora de ayudar, de hablar o de dar consejos.

Por eso esos eventos son importantes, tanto para desarrolladores  que vayan a mostrar su juego y a ver a sus colegas como para los novatos que quieran acercarse a este mundo por primera vez. Os contaré un secreto: ver como Jordi de Paco ha conseguido vivir del videojuego por el camino duro me ha inspirado a crear mi propio camino, porque le he visto pasar de hacer juegos en jams cuando tenía tiempo a lo que es ahora. Si no hubiera visto ese proceso, tal vez no estaría escribiendo esto, tal vez no estaría dedicándole las horas que le dedico a mi sueño. Tal vez mi vida sería más fácil aunque más anodina.

La comunidad, el acercamiento, eso es lo que necesitamos hoy día y, eh, sin conocerse en persona resulta que es difícil crear una comunidad. Justo para eso son los eventos de ese tipo. Por suerte, cada vez hay más eventos y conferencias gratuitos, pero pocos juntan más de 5-6 profesionales, siendo jornadas de un día como la que organicé aquí en Murcia hace un par de meses. Germen de, espero, algo que vaya creciendo con el trabajo de todos.

Y por no hablar del importante problema que es vivir fuera de donde ya hay una comunidad establecida, porque te la tienes que buscar o crear tú con más ganas que sabiduría. Donde no suele haber encuentros o conversaciones fluídas entre los que nos queremos dedicar a esto. Donde muchas veces ni puedes saber cuántos estudios establecidos hay a tu alrededor (pista: poquitos por aquí). Y a menos sitios establecidos, menos oportunidades de encontrar trabajo en eso donde aprender antes de comenzar por tu cuenta.

En fin, va siendo hora de finalizar este pequeño monstruo, que comenzó siendo una entrada personal inspirada por la de Diego, continuó como extensión de un comentario jamás publicado fruto de la rabia y ha terminado siendo una suerte de disertación o yo qué se. No se si he transmitido algo ni se si lo pretendía ni se si esto es algo o tiene sentido. En parte me da igual porque ha sido visceral, sacado del tirón en un par de horas (o más, ya a saber cuánto llevo aquí).

Hay mucha demagogia en esta entrada, la mayoría intencionada, para hacer pensar sobre los argumentos que se dan y sobre la empatía. Probablemente no se entienda porque se va a confundir y remezclar todo (y porque yo mismo lo he remezclado al ir sacándolo), pero bueno. El que quiera entender, que entienda.

Pero finalicemos volviendo al título del artículo, que se ha perdido entre la vorágine. Recordando una cosa: apostar por esto es arriesgado, como muchas otras cosas, y fracasar tiene un alto precio: tal vez nada de lo que hagas aquí sea considerado de valor en alguna disciplina tangencial o paralela. Tal vez, jugándotela, arriesgues todo por un sueño. Recordadlo, por los que luchamos, por los que lo han conseguido y, sobre todo, por los que no han llegado. Por ellos más que por ninguno.

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